Home
Guia Rapida de...
Bogotá

Medellin

Bucaramanga

Cali

Cartagena

Barranquilla

Santa Marta

San Andres

Zona Cafetera
Clasificados

Subastas

Empleos

Bienes raices

Vehiculos

Vida y Hogar
Directorio Web

Ciencia y Tecnologia

Deportes

Economía

Estetica y Salud

Gastronomia

Medios de Comunicacion

Organismos Oficales

Política

Turismo y Viajes

|
ZONA DE VIAJES ARTES Y CULTURA IMAGENES ANILLO WEB TV´S ONLINE RADIOS



 CAMINADO CON GABO [ Volver ]

Un articulo de Antonio Valencia

Cartagena 1992, en un medio día soleado lleno de brisas, con olor a mar, frente al hoy llamado HOTEL SANTA TERESA; nos encontrábamos varios alumnos de arquitectura de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, recibiendo una clase de dibujo a mano alzada, es cuando entonces apareció de la nada Gabo. Todos nos quedamos perplejos y fue inevitable que él no sintiera nuestra mirada de admiración y respeto. Un gran saludo nos dimos con él y continuó su caminata tranquila y amena con dos personas que lo acompañaban, algunos compañeros dijeron que era su guardaespaldas, yo no los detallé muy bien, ya que me quedé mirándolo sin desviar la atención, y no era para menos, tenía al frente a uno de los grandes escritores de Latinoamérica.

Muchas preguntas pasaron por mi mente, una de ellas era el por qué me sentía identificado con éste personaje y la respuesta apareció de inmediato: Porque en mi interior perviven elementos mágicos del pasado, (algo muy macondiano) los cuales me han acompañado a lo largo de mi vida, encontrándole a ésta un verdadero sentido.

De niño vivía rodeado de elementos mágicos que sólo se encuentran en el caribe colombiano, los cuales manifiesto abiertamente para el que desee adentrarse dentro de él. Calles de barrios populares, inundadas por el vuelo exacerbante de mariposas amarillas que me sumergían en el más fantástico sueño del que difícilmente podía salir, árboles gigantes de níspero y guayaba que expedían un olor penetrante el cual hoy en día, cuando voy a una plaza de mercado en la ciudad de Bogotá (Lugar donde vivo actualmente) y siento ese recuerdo de infancia, no dejo de sentir esa nostalgia de una niñez que aunque se fue renacen día a día cuando me siento en el computador. Historias de brujas, hadas, duendes, fantasmas, sueños premonitorios, bailes y verbenas que terminan en tertulias, donde asombrosamente se pueden recrear personajes para una novela quijotesca; siempre me han perseguido, un Macondo idílico lleno de además de búsqueda personal y de soledad la cual acrecienta mi creatividad.

Después de Cien Años de Soledad, libro que leí en mi época de estudiante de secundaria, han pasado otros libros de Gabo por mis manos; pero ninguno que me haya marcado tanto, aún en la actualidad, como éste.

Algunos amigos extranjeros que han venido hasta Colombia y han recorrido los pueblos de la costa atlántica, entienden de inmediato, el por qué existen en este tercer mundo, lugares llenos de realismo mágico en donde se pueden percibir diversos instantes y situaciones hiperbólicas llenas locura, violencia e irrealidad, algo muy García Marquiano, pero que en líneas generales la representación perfecta de la vida de muchos colombianos, congelada en el tiempo, una realidad descomunal que a veces muchos tememos que se convierta, como el mismo Gabo lo dijo en una ocasión, en algo fantasioso, que hará que en definitiva se nos mire como seres fuera de este mundo. Pero en cierta forma esos somos la mayoría de personas en Colombia, soñadores que anhelan un país mejor que se escape para siempre de la torturante realidad de no poder hacer realmente lo que se quiere, y de no vivir la vida que ansiosamente se desea.

Hay que sentir que este camino fenomenológico debe recorrerse día a día como una aventura macondiana, viviendo desmesuradamente cada instante sin importar lo que ocurra. Bien decía Walt Disney “Piensa, cree, sueña y atrévete”. Algo que sólo se puede hacer cuando en verdad caminamos por un camino de aventuras en donde muchos tropiezos se encontrarán pero en donde hay mismo se encuentran las soluciones para seguir avanzando.

Finalmente no fui un arquitecto diseñador de edificios y casas majestuosas, pero nunca olvidaré el único día en que tuve frente a frente a Gabo, instante que hizo que sin chistar decidiera en convertirme en un escritor que construye caminos, tomando como siempre la magia de la realidad.
|
|
| |
|